Me duelen las tetas. Todo el puto rato.
A menudo pienso que deberíamos hablar de este proceso todo el rato con todo el mundo. No por comer orejas a nadie, sino por hacer entender.
Cuando paso por estas mierdas, por el dolor mental de sentirte así de mal, por el proceso de descubrirse y deconstruirse, por el miedo incesante al qué dirán, a la vergüenza; pero también por el dolor físico, por los cambios que poco a poco vas siendo incapaz de disimular... me pregunto cómo es posible que haya gente que tenga ideas tan retorcidas como que hay gente que "se hace esto a sí mismas" para cosas tan absurdas como poder ganar competiciones deportivas o colarse en el baño de las chicas por ser un pervertido.
Ojalá la gente "normal" pudiera entender, pudiera escuchar lo que es esto sin sus propios miedos, sin su rechazo irracional. Nadie me llegaría con la preguntita, "pero... ¿por qué te haces esto?".
Hay que tener mucho mucho valor para llegar hasta aquí, y eso que apenas me he asomado al camino aún. Hay que ser una persona muy entera para abrirse a una misma y reflexionar sobre que esto no es algo que una se hace a sí misma, que al contrario esto es sencillamente lo que eres, y punto.
Deconstruirse mentalmente es difícil, pero hacerlo también físicamente es devastador. Hay que superar un montón de obstáculos legales para símplemente acceder a la medicación. Pasar por el aro de diagnosticarte que estás "estropeada", o mal, o enferma. Pero no lo suficiente. Demuéstrales que no estás loca, pero necesitas justificar que realmente estás jodida por no poder ser quien eres. La mayoría de las historias que conozco de esta primera etapa del viaje son historias de miedo de tratar de sortear todas las vallas legales que te quieren impedir llegar aquí, tener acceso a estos tratamientos. Haciéndote justificar cómo te sientes abriendo todos tus miedos interiores a alguien que no conoces y cuyo trabajo es tratar de ahorrarle al seguro médico un montón de pasta por decir que no es para tanto lo que te pasa.
Y luego cuando empiezas a medicarte, tu cuerpo cambia, y lo hace bastante deprisa aunque se sienta una eternidad porque tú llevas toda la vida esperando, y en realidad soñabas con la píldora mágica que te tomas por la noche y te despiertas ya finalizada la metamorfosis.
Pero qué va, el cambio es lento y rápido a la vez, en 4 meses apenas ya puedo esconder estas tetas que me duelen cada vez que me pongo el cinturón de seguridad en un coche, o que cargo con la caja de la compra apoyada en el pecho.
Me atenaza el miedo al día en que ya no se puedan esconder más y tenga que dar más pasos de transformación, poniéndome más y más en la diana de todos los que odian y temen desde la ignorancia. Expuesta a la sorna, a la burla, al señalamiento. Querer ser vista sin ser señalada, vaya quimera, ¿no?
Sí, seguro que la resaca de ayer no ayuda, pero sólo escribir estas palabras y pasar mentalmente por la imagen de esa etapa hace que mi estómago se revuelva y sienta náuseas.
¿Por qué me hago esto? Porque no podría perdonarme hacerme a mí misma algo mucho peor condenándome a no existir. Me hago esto por esa niña que merece vivir.
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