miércoles, 8 de julio de 2026

Tristeza

Cuando empecé el tratamiento me dijeron muchas cosas de lo que "cabía esperar", aunque también dijeron que cada persona es un mundo y que no hay una ciencia cierta sobre cómo tu cuerpo reaccionará al tratamiento, ni hay forma de saber seguro qué ni cuándo pasará.

Pero entre esas posibilidades, me decían "te sentirás súper vulnerable a todo, y con ganas de llorar por la mayor estupidez que te pase".

Creo sinceramente que esto es más un estereotipo sobre la "mujer hipocondríaca" o "mujer débil" que perpetúan los señoros con ideas tan fundadas como que el estrógeno hace más propensas a las chicas a llorar y a dejar aflorar los sentimientos.

Creo que estoy muy "a salvo" de eso (entre muchas comillas) porque lo del no llorar, no estar triste, o más correctamente: no mostrarlo nunca, tiene mucho más que ver con la educación y la cultura que con las hormonas.

"Boys don't cry" de los Cure no es casualidad. Está en todos lados en la cultura, en la educación, en los martilleos constantes desde bien pequeños: "¡Levántate y compórtate como un hombre!" A veces no somos conscientes del daño profundo que esas mierdas llevan a largo plazo.

Sí, claro, todos escondemos nuestros sentimientos a menudo, a nadie le gusta sentirse débil y vulnerable. Pero a los niños nos enseñan desde bien pequeños que eso de llorar es de niñas, no de "hombres". Se nos plantean techos y metas que a veces rozan lo psicopático. Y cuando encuentras a uno que de alguna forma ha conseguido evadirse de esa mierda siempre queda el recurso fácil del "Mírale, llorando como un mariquita".

Así que no, creo sinceramente que lo de las hormonas no tiene nada que ver con mierdas de sentirse "más" vulnerable o propensa a la tristeza. En todo caso, levantar esa barrera mental de "como soy un hombre no puedo permitirme esto" será la culpable.

En cualquier caso: si no son las hormonas, ¿por qué me siento tan triste? 

viernes, 3 de julio de 2026

¿Por qué te haces esto?

Me duelen las tetas. Todo el puto rato.

A menudo pienso que deberíamos hablar de este proceso todo el rato con todo el mundo. No por comer orejas a nadie, sino por hacer entender.

Cuando paso por estas mierdas, por el dolor mental de sentirte así de mal, por el proceso de descubrirse y deconstruirse, por el miedo incesante al qué dirán, a la vergüenza; pero también por el dolor físico, por los cambios que poco a poco vas siendo incapaz de disimular... me pregunto cómo es posible que haya gente que tenga ideas tan retorcidas como que hay gente que "se hace esto a sí mismas" para cosas tan absurdas como poder ganar competiciones deportivas o colarse en el baño de las chicas por ser un pervertido.

Ojalá la gente "normal" pudiera entender, pudiera escuchar lo que es esto sin sus propios miedos, sin su rechazo irracional. Nadie me llegaría con la preguntita, "pero... ¿por qué te haces esto?".

Hay que tener mucho mucho valor para llegar hasta aquí, y eso que apenas me he asomado al camino aún. Hay que ser una persona muy entera para abrirse a una misma y reflexionar sobre que esto no es algo que una se hace a sí misma, que al contrario esto es sencillamente lo que eres, y punto.

Deconstruirse mentalmente es difícil, pero hacerlo también físicamente es devastador. Hay que superar un montón de obstáculos legales para símplemente acceder a la medicación. Pasar por el aro de diagnosticarte que estás "estropeada", o mal, o enferma. Pero no lo suficiente. Demuéstrales que no estás loca, pero necesitas justificar que realmente estás jodida por no poder ser quien eres. La mayoría de las historias que conozco de esta primera etapa del viaje son historias de miedo de tratar de sortear todas las vallas legales que te quieren impedir llegar aquí, tener acceso a estos tratamientos. Haciéndote justificar cómo te sientes abriendo todos tus miedos interiores a alguien que no conoces y cuyo trabajo es tratar de ahorrarle al seguro médico un montón de pasta por decir que no es para tanto lo que te pasa.

Y luego cuando empiezas a medicarte, tu cuerpo cambia, y lo hace bastante deprisa aunque se sienta una eternidad porque tú llevas toda la vida esperando, y en realidad soñabas con la píldora mágica que te tomas por la noche y te despiertas ya finalizada la metamorfosis.

Pero qué va, el cambio es lento y rápido a la vez, en 4 meses apenas ya puedo esconder estas tetas que me duelen cada vez que me pongo el cinturón de seguridad en un coche, o que cargo con la caja de la compra apoyada en el pecho.

Me atenaza el miedo al día en que ya no se puedan esconder más y tenga que dar más pasos de transformación, poniéndome más y más en la diana de todos los que odian y temen desde la ignorancia. Expuesta a la sorna, a la burla, al señalamiento. Querer ser vista sin ser señalada, vaya quimera, ¿no?

Sí, seguro que la resaca de ayer no ayuda, pero sólo escribir estas palabras y pasar mentalmente por la imagen de esa etapa hace que mi estómago se revuelva y sienta náuseas.

¿Por qué me hago esto? Porque no podría perdonarme hacerme a mí misma algo mucho peor condenándome a no existir. Me hago esto por esa niña que merece vivir. 

miércoles, 1 de julio de 2026

Seguir caminando

El camino no se detiene por tener una esquina. Puedes parar a observarlo, a admirarlo o incluso a evaluar cuánto más estás dispuesta a seguir. Pero el camino sigue ahí, mirándote impasible. "Sabes que tienes que seguir caminándolo" te dice con sorna. No te queda otra.

Hace mucho que no escribía. Demasiado. Estuve dolida, mucho. Pero el camino sigue, y yo también. A veces lo caminaré más deprisa y otras, las más, muy despacio. No por que no tenga prisa, que la tengo, pero porque el mundo es como es, y la realidad te atrapa y te da por culo, así que tienes que buscar cómo recomponerte, levantarte del suelo, limpiar tus heridas, y seguir.

Me gusta cerrar los ojos y hacer un pequeño chequeo de mi misma. Repasar mentalmente cada centímetro de mi piel, cada recoveco, cada articulación. Preguntarles amablemente dónde duele, cuánto, y por qué. Lo hago muy poco, mucho menos de lo que debería. Todas deberíamos siempre dedicar un tiempo a repasar mentalmente nuestro cuerpo buscando heridas nuevas que han pasado desapercibidas, heridas viejas que pueden no haber sanado aún, roces y moratones que no sabes ni cuándo te has hecho. Y prestarles atención a todos. No hace falta que soluciones nada, pero sí que evalúes y sepas dónde están los daños, y cuán serios son.

Después de revisar los daños y asegurarte de que nada está demasiado roto o necesita reparaciones urgentes, toca encarar de nuevo el camino, cargar de nuevo con la mochila, y seguir andando. Los caminos no se andan solos, tienes que poner un pie delante del otro y repetir, siempre repetir. Pero es el primer paso el que es más difícil.

Empecé mi terapia hormonal el simbólico día del 8 de Marzo de 2026. Hace ya casi 4 meses. El camino es largo, y en ocasiones parece más una cinta de correr de gimnasio, en la que caminas y caminas y caminas y nada a tu alrededor ha cambiado. Pero todo cambia, supongo. Siempre cambia. Cambia tu cabeza, cambia el mundo con cada vuelta que da. Sólo es que a menudo los cambios son tan ínfimos que no los notas.

Nada ha cambiado de forma clara, nada a nivel físico. Sigo siendo el esperpento de mujer wannabe que soy, que sufriré ser el resto de mi vida. Ahora me siento más vulnerable si llevo una camiseta un poco más estrecha que la oversize de ayer, porque mis sempriternas manboobs empiezan a llamar más la atención si te fijas, pero... ¿eso es todo?

Tal vez hay más cambios muy sutiles, tal vez siento mi piel más suave, o tal vez es sólo una idea autoimpuesta de leer y leer y leer miles de artículos de gente que lo ha conseguido, que son bellas y fuertes y grandes en su pedestal de superación, un espejo de esperanza en el que mirarse a la vez que un ideal inalcanzable fuente de frustración.

El vacío de estar en medio del camino en medio de ninguna parte, sóla, sin pertenecer a ningún lugar, es absolutamente aterrador. Y según lo escribo me parece que tal vez no sea muy distinto de haberme convertido en un emigrante nómada que no termina de pertenecer ya a ningún sitio, que ya no tiene un "hogar" al que volver, pero que allá donde vaya siempre será eso, un inmigrante. Una extranjera que no pertenece ni a aquí ni a allí. Pero es un paso más, porque ser un nómada apátrida siempre tiene un aura de misterio interesante y la gente quiere saber más de tí, mientras que esto es ser un bicho raro que debe esconderse.

Algunos cambios en mi cabeza sí que están empezando a sentirse. Tengo un poco menos de miedo, o tal vez es sólo como dicen en inglés, "I can't be bothered" ya, a que se me vea. Me repito una y otra vez el mantra de que pertenezco, de que tengo derecho a ser, diga lo que diga nadie, piensen lo que piensen todos. Yo soy, y no voy a dejar de ser quien soy porque a otros no les guste.

Y me gustaría ser fuerte en ese ideal de "si no te gusta no mires". Pero no es tan fácil ¿verdad?. 

Me repito constantemente que ya hice cosas locas antes. Ya cogí una maleta y me fuí de mi casa, de mi vida, de mi círculo al otro puto lado del mundo. Sin garantías, sin planes, sin red de seguridad. Si pude dejar una vida entera detrás y saltar al vacío, ¿por qué hubiera de ser diferente ahora?

Al igual que en aquella ocasión hace 20 años ya, la realidad es que no dejas una vida detrás. Nunca la dejas. De hecho, no dejas nada detrás. Muy al contrario, te la llevas contigo. Tengo que recordarme sin cesar que no dejo nada detrás, que no me voy para cambiarme. Me transformo, sí, pero sigo siendo la misma. Siempre fui esta persona.

Y sigo con los mantras. "I owe no apology", no le debo excusas a nadie. Quien quiera acompañarme es más que bienvenido. Me encanta pensar que hay quien quiere ser parte de este camino, aunque sea en etapas esporádicas, aunque sea de forma muy intermitente o desde muy lejos. Vuestra compañía se siente, vaya que si se siente.

Una palabra tonta, un mensaje casual, un "Hola preciosa, ¿cómo estás?" es un balón de oxígeno cuando estás en mitad de la escalada. Saberme vista, saberme aceptada, me da la vida.

Desempolvo mis zapatillas, aprieto los cordones, me levanto y miro atrás. Todo ese camino lo he hecho ya. Queda mucho más por delante, claro, pero no te olvides nunca de todo lo que ya andaste.

Me giro y encaro el camino. Tomo aire, cierro los ojos, y suelto. Adelanto un pie, siempre el izquierdo. Y luego otro.

Y sigo caminando. 

Tristeza

Cuando empecé el tratamiento me dijeron muchas cosas de lo que "cabía esperar", aunque también dijeron que cada persona es un mund...